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12 de junio de 2010

LA HABITACION PROHIBIDA ( Primera parte)


La escalera semejaba maltrecha, de madera desvencijada, con oscuras pinceladas de un verde muerto por el tiempo, sin lugar donde asirse, con enormes vacíos entre escalón y escalón, construida con desidia por unas manos malquedas; suspendida en el aire por su derecha y anclada por pequeños salientes al muro lateral que sustentaba la casa, por el otro lado.
Subía los peldaños lentamente, remangándose el delantal raído por los años, resoplando en cada uno de ellos, haciendo leves descansos, oteando por entre sus piernas donde se encontraba la niña, y mirando de soslayo para dilucidar el final. 
La pequeña observaba desde abajo, oyendo como crujían a cada paso que daba, como espolvoreaban las cenizas del tiempo en cada una de sus pisadas.
   - ¡Sube, vamos, no tengo todo el día! - le dijo.
   - ¡No quiero! ¡Tengo miedo! - gritó asustada.
   - Pues no te muevas de ahí mientras tiendo la ropa. "Vaya niña esta", pensó para sus adentros.
   - No abuela, yo me estoy quietita- contesta.
Fue como ponerle en caramelo en la boca. Sabía de antemano que la anciana tardaría la justo y necesario como para inmiscuirse en lugares donde no debía. Corrió hasta la puerta prohibida. Siempre tuvo curiosidad por entrar allí.
El acceso era del mismo color horrendo que la escalera maldita, en medio de un muro pulcramente encalado sin unión al techo que la cobijaba. Parecía emerger de la nada, un cubículo que no tenía razón de ser, situado en el flanco izquierdo del salón principal.
Empujó la puerta con sus pequeños dedos, rezando porque no hiciese demasiado ruido, desde la lejanía, temblando de miedo e incertidumbre, ansiosa por traspasar el umbral. Quedó ligeramente entreabierta, un hueco suficiente para su liviano cuerpecito.


3 comentarios:

HuatitaFull dijo...

En el caso que me trae a la cabeza este relato, no se trataba de una habitación maldita ... Era la azotea maldita.

Yo era pequeño (alrededor de los 8 años), cuando conocía a Tomasín en la playa. Jugábamos cada tarde de aquel verano junto a su hermana pequeña ( tenía 2 ó quizás 3 años menos que él).

Era un chico muy alegre y divertido, y aunque nuestra relación no pasó de aquel verano, siempre le recuerdo con especial afecto.

Un día en el cine, me llevé una grata sorpresa. Y es que Tomasín era el protagonista de un anuncio publicitario de confiterías. Se lo conté con mucho entusiasmo a mamá, y me sentí muy dichoso porque tenía un amigo "importante".

Pero una tarde, Tomasín subió a la azotea maldita, a jugar a la gallinita ciega. Y allí ocurrió la tragedia. No lo ví porque yo no estaba allí, pero he imaginado muchas veces como pudo haber caído aquel cuerpecito por el MALDITO TRAGALUZ.

Han transcurrido al menos 40 años de aquel suceso y Tomasín aún permanece en mi memoria, con aquella alegría y su bonita sonrisa. Y es que a los amigos que dejan alguna huella en el alma, nunca se les olvida.

Gracias MIMOSA, por haberme hecho recordar con tu relato.

Un fuerte beso.

MIMOSA dijo...

Triste historia, la de Tomasín, y tristes recuerdos para tí. Nunca entendí porqué se ven sesgadas las vidas tempranas, que jugadas nos hace el destino.
Pero sigue vivo en tu memoria, eso es bueno, supongo.
Un beso para tí también.

Eva- La Zarzamora dijo...

Gracias por visitarme.
No creo que mis experiencias te sirvan de mucho.
Sé que aprobarás el carné aun ebria, además si te suspenden como ya tienes a un esclavo que te lleve al curro, pues... no malgastes el dinero :)

Un abrazo.

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