Comparten mis mimos

10 de noviembre de 2010

SENTIMIENTOS



Viajan por el agreste desierto de lo incierto
Surcan las vertientes de lo ajeno
Descansan en el verde valle del silencio

Sentimiento que sucumbe a los desniveles de la nostalgia
que se baña en los lagos de la añoranza

Giros sublimes de peonza ante la risa
que embriaga de cadencia la alegría


Lozanos y desinhibidos pétalos
que acarician la pasión y el desenfreno dormitando en los brazos del deseo

Piedra caliza esculpida en la paciencia, tolerancia y sabiduría

Corrientes agitadas que arrastran y diluyen
la ira, la rabia, la envidia
a largos acantilados que concluyen abismos
reposando finalmente en el mar
ansiando calma y tranquilidad

6 de noviembre de 2010

PALABRAS


Y soñando, soñando, las palabras salieron del papel y lo fueron rodeando, le besaron en los labios, rindiéndole su vehemencia.
El las recogió entre sus manos, las agitó, las intercambió, les brindó otro color.
Se fueron colocando a su ritmo, a su antojo, queriendo escribir historias, queriendo ponerles voz.
Como gigantes crecieron y compusieron un laberíntico paisaje del que ya no pudo salir.
Quedó atrapado, olvidado, entre ellas dormita.

3 de noviembre de 2010

TIEMPO


Sólo necesito eso, TIEMPO.

Para desandar lo andado
por el lugar equivocado.

Para hacer los honores
a todo aquél que me tendió la mano

Para colmar de amores
a quienes querer quisieron
en esta vida hacerme daño.

Tiempo, para besar lo amargo
y dotarlo de dulces sabores.

Tiempo para brindar mi risa a carcajadas
y llenar las manos de quién la tuvo ahogada.

Tiempo, para sentir de nuevo como se ama
y recoger las lágrimas que por amor se vertieron
y regaron la nada.

Tiempo, para llenar de caricias cada uno de mis pasos
y desenterrar los besos curtidos por el pasar de los años.

Tiempo, para que mi mirada profunda se una a la estela
surgida en el firmamento
y sobrevuele los mundos
los presentes, los futuros.

1 de noviembre de 2010

LA HORA DEL CORTEJO

( Pintura de Edgar Degas: ejercicios de jóvenes espartanos)

Como cada tarde, desde que abrió el centro de baile moderno, tres cuartas al lado del ya instaurado gimnasio de artes marciales, el devenir de hormonas cruza el ambiente e inunda la calzada.
A la puerta del gimnasio, se arremolinan los chavales, llevando medio equipaje, el otro medio, consiste en llevar camisetas muy ceñidas, que consiguen marcar el efecto deseado de unos brazos fuertes y poderosos, máxime cuando se hace alarde de los mismos.
En la otra, las chicas revolotean entre mallas y medias, que dibujan las ya incipientes curvas de la femineidad, llegando incluso a ensayar en plena calle, los pasos de baile que durante la siguiente hora tendrán que preparar.
Durante una hora, la calle queda despejada, pero pasado ese tiempo, comienza la hora del cortejo.
Se forman corrillos de chicos que con presunta algarabía hablan de sus cosas, sin darle importancia a las pequeñas damas que despliegan con arte todas sus alas. Mientras, ellas ríen nerviosamente sin poder disimular lo ya evidente.
Se entrecruzan miradas, se intercambian palabras al oído, las risas se sonrojan, móvil en mano, la información se traspasa, movimientos rápidos, pavoneo adolescente.
Llega el baile de los padres, recogiendo a las señoritas para resguardarlas de miradas insensatas, y se despeja la calle, pero el sentimiento queda en el aire, en los corazones agitados que no descansarán esa noche, en los sueños núbiles de aquellos púberes, en la visión temprana de los observadores,  en el juego inmerso de ese amor que clama.
Y despierta así el inexperto deseo de una edad temprana. Observo, sonrío y recuerdo.

31 de octubre de 2010

PACIENCIA



Difícil búsqueda hasta hallarla
duro camino comprenderla
prodigio humano mantenerla

La veracidad del tiempo 
nos la va mostrando
como una indomable niña
traviesa y risueña
tras la que corremos fervientemente
pero como el agua
se escurre de nuestras manos

Juega a esconderse tras los deseos
que viajan por nuestra mente
círculo viciado

Esperaré, quieta
a que vengas
para no asustarte
que descubras por ti
este lugar donde quedarte
y así
sentada al reflejo del sol
tus manos tocaron las mías
quedó en silencio la vida.
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