Comparten mis mimos

1 de diciembre de 2011

ALCANZAR LA UTOPIA

Foto tomada en París

Hace ya un tiempo, siendo una adolescente rebelde, escribí un poema titulado "alcanzar la utopía". Sí, esa misma de la que tanto hablo sin nombrarla, por temor a perturbarla y finalmente quede deshecha en esa telaraña que tantas veces uno teje en el pensamiento.
Ya no recuerdo cuales fueron las palabras, ni tampoco que motivó aquel encuentro con mis pensamientos, o quizás mienta y la respuesta es que sí, que aún pienso en todo aquello, en todo cuanto contribuyó a ser lo que hoy soy.
Recuerdo aquél sueño que tanto deseé y nunca se cumplió, en todos los caminos que sorteé y me negué a entrar, en todos los que caminé, algunos sin pensar, otros, creyendo que en ellos se escondía la felicidad, de tan pensados, los tomé mal. Algunos, por mera curiosidad y otros tantos, empujada por los acontecimientos que no supe manejar, o por la simple huida de la realidad. Pero todos, hasta el último, los elegí, no fueron llegando al azar. 
Dudé, primeramente de mi misma, no escuché aquella lección que hablaba de quererse, pero me empecinaba en enseñar a querer a los demás. Después, dudé de la verdad, porque descubrí que no era la misma para cada mirar, me topé de frente con la falsedad y me obcequé en darle muerte sin lugar, me enzarcé en mil batallas sabiéndolas perdidas antes de empezar, sentí el golpe en la cara y lo amilané con la palabra....... Dejé de creer y me limité a sobrevivir, a saltar de día en día, dejándome llevar, hasta el despertar.......
Y dejé atrás la venda que amarré con fuerza para no sufrir, porque sufrí igual, pues el dolor llega cuando tiene que llegar,  como mismo llegaron las risas, el amor y las pequeñas dosis de dicha y bienestar.....
Hoy sé, que yo sola no puedo cambiar al mundo, que por más que grite habrá quienes no me escucharán, que todo cambia a su propio ritmo, que no soy quien para juzgar, como mismo sé, que me equivocaré mil veces o más, pero en cada caída me volveré a levantar aunque duela, a pesar del cansancio,....porque habrán millones de razones que valdrán la pena abrazar.


25 de noviembre de 2011

LABERINTO



Autor de tan hermosa pintura: HIROKO SAKAI
Me desgarro la piel en alambres de espinas
navajas hirientes que ocultan la salida
me vacío en temores al escuchar las voces que a velocidad se aproximan, 
no queda tiempo 
me desangro en cada herida

Sombras tan sigilosas como cobardes 
que huyen con lo puesto tras golpear
me ahogan la vida hasta devorarla
y se agrieta el corazón como un cristal


Solicito respirar el mar
retar a mis pasos a demorar
incursiones inciertas en este erial de arenas movedizas
más se lanzan sordos en esta eterna agonía
para intentarlo una vez más


¿Alguien sabe que dirección deben tomar?


18 de noviembre de 2011

INQUIETUD


Me he sentido cautiva
encerrada y hasta acorralada
Lloré por haber perdido las alas
aquellas que aún no han nacido

Vetada incluso al borde del precipicio
por momentos sentí paz
por otros,..... olvido
y hasta el viento jugó a imitar mi suspiro

Un brote de claridad en el espeso mar de nubes
la luna oculta eleva su llamada
repite mi nombre al compás 
en la resonancia del tambor que marcha
despertando el vacío
agitando el alma



26 de octubre de 2011

LLUEVE SOBRE EL MAR



Hoy llegaron las primeras gotas de lluvia a caer sobre el mar
y las olas afanosas buscaron  en la orilla su huída
sin poder escapar
La arena apelmaza la pesadumbre mientras en ella las gaviotas picotean los rescoldos de un sol que marchó ante los grises fúnebres de esta desazón y el viento ufano asoma su cara tras la espera de ver partir el estío.
Es hora ya de chapotear con la inocencia
Dejar al alma que se asome al pretil  de la mirada
Y risueña dibuje en la plaza
La silueta azarosa de quien huye de las gotas
Que nuevamente vuelven sobre el mar

25 de octubre de 2011

OTRA TARDE


Una tarde más 
en el preámbulo del tiempo
la soledad se desmenuza en jirones
 robando espacio a la brisa
que con dulces caricias
baja acunando mi espalda
al compás que resuenan los pasos
que arrastran tu sombra
en la lejanía
y unos brazos acogen mi caída
mientras la melancolía se sienta
en aquel banco gris
que perpetúa la espera
de ese ángel por venir


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