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14 de octubre de 2013

CÁBALAS




Desde que estallara esta crisis que asola nuestro país, no sólo se ha generado una constante destrucción del empleo, sino que se ha manifestado una aplastante depresión demográfica, particularmente, por la cantidad de nuestros jóvenes que han tenido que salir a otros países a buscar un puesto de trabajo que, entre otras cosas, impide sostener el “Estado de Bienestar”. Ese modelo público al que tan apaciblemente estábamos acostumbrados.

Por un lado se van multiplicando los “afiliados” al desempleo, y por otro va creciendo el número de pensionistas. ¿Cómo se traduce por tanto este desajuste?

No tenemos el número suficiente de jóvenes y niños que son necesarios para seguir conservando el sistema actual de pensiones, para mantener esa “sostenibilidad” de nuestra sanidad pública, del sistema educativo y de tantas otras prestaciones públicas que durante tantos años se han venido instaurando.

¿Y cómo repercute en los que aquí seguimos intentando sustentar esta estructura, dado que no existe una proporcionalidad entre las contribuciones al sistema y las prestaciones que esperamos del mismo?

En los últimos años, se nos ha sometido a una austeridad en aras de salvar los últimos cartuchos que no fueron prendidos para festejar aquellos yacimientos de riqueza que pensaron no tendrían fin.

Por todos es sabido los años de bonanza que en un pasado no muy lejano vivimos, donde el manejo de la especulación por parte de la banca y respaldada por las políticas públicas hizo su agosto, y dónde la gran mayoría cayó en el inmenso socavón abierto, por esa ambición nada parca de atesorar “plata” y vivir mejor, en la absurda creencia que el vivir mejor era sinónimo de tener más, y sin entrar en diatribas que no nos llevan a ningún lado, seguimos inmersos en este ciclo involutivo que cada vez degenera más y más.

¿Acaso, y aun teniendo que lidiar con esta “austeridad” impuesta, no siguen teniendo las instituciones financieras carta blanca para hacer y deshacer a diestro y siniestro?

¿No sigue favorecida esa clase política que alentó y avaló ese círculo de poder que hizo tambalear a estos llamados “gobiernos democráticos”, casi hasta el punto de la ingobernabilidad arrastrados por suculentos golpes de mercado donde no sólo se especulaba con capitales, sectores inmobiliarios, alimentos básicos, etc, sino que hasta las deudas que mantenían los países entre sí entraron a formar parte de este juego quedando a manos del mejor postor?

¿En qué lugar se encuentra nuestra economía que nos empuja a plantearnos juicios de valor y posturas eclécticas ante ella?

¿Por qué se acrecienta este abismo entre las clases sociales? Por un lado quedan los asalariados “mileuristas”, dentro de los cuales queda ya casi extinguida aquella conocida clase media emergente de los años setenta y ochenta, que mantenía el dinamismo en los mercados dado su poder adquisitivo, la cual ha quedado prácticamente proletarizada y vive gracias a los “low cost”, y en el otro extremo, los acuadalados, que supieron estar a verlas venir y sacaron la mayor de las tajadas y que ahora manejan el sector privado, rentabilizando ese consumo de lujo que contrarresta con la situación que la gran mayoría vive. Y frente a todos ellos están esos que nos miran desde sus atriles, donde apoyan sus discursos llenos de falacias, que parecen no saber por dónde atajar la situación en la que el país está enfrascado.

Es evidente que ese “Estado de bienestar” está condenado a morir en un futuro venidero si no es que ha muerto ya.

Nos dejamos arrastrar sutilmente hacia ese “neoliberalismo” que apoya los mercados abiertos, la privatización, la minimización del papel del Estado… ¿Y ahora qué?

Es imprescindible un cambio de la lógica aplicada, de una correcta planificación e iniciativa del Estado, donde se abogue por un equilibrio macroeconómico capaz de ajustar armónicamente los flujos entre la oferta y la demanda, dando un funcionamiento real al conjunto económico equilibrando los precios que influyen indiscutiblemente sobre la tasa de salario nominal.

Un Estado calificado que aplique una correcta disciplina fiscal para realzar un crecimiento sano y sostenible, recuperando el control de los recursos necesarios para luego adaptarlos eficientemente en la mejora de servicios que como Estado debe dar, sean la seguridad, la justicia, la educación, la salud…

¿Tenemos ese Estado? Yo diría que no. Llevamos décadas navegando en un bipartidismo donde la derecha sabe discutir y alimentar los oídos a los ciudadanos sobre esos temas que creen preocuparlos, y la izquierda, se encamina a la consecución de los recursos para paliar esos déficit creados sin la consecuente eficacia tan necesaria de la que anteriormente aquí hablo. Se ha convertido en una lucha de titanes en las que han dejado al margen lo verdaderamente importante, el pueblo  que les dio su confianza y que tantas veces ha sido traicionado.

Es acuciante ese liderazgo que sepa unificar el desarrollo, la creatividad, la innovación, el emprendimiento, las reformas estructurales necesarias, que haga un correcto saneamiento de las cuentas públicas y que una vez hecho, proclame la continuidad y fortalezca las bases de ese crecimiento. Ineludible será un esfuerzo colectivo, una única conciencia para acabar con este desgaste al que hemos sido sometidos, creando los cimientos de un auténtico sistema democrático. El ciudadano debe volver a tomar las riendas de su vida y acabar con este deterioro social.

Demasiados frentes en que pensar… ¿No vinieron en su día las repúblicas a proclamar y afirmar que todos somos iguales?

¿Acaso no tiene el hombre recursos suficientes para crear un mundo mejor? ¿No es posible el cambio? ¿Cabe la posibilidad de un sueño colectivo o es cierto que la humanidad está enloquecida y no hay tiempo para soñarlo?


El peor enemigo del hombre no es el propio hombre, sino el miedo a enfrentarse al cambio.
     

8 comentarios:

HuatitaFull dijo...

Y por si nos faltaba poco, ahora tenemos que estar pendiente de lo que pase en EE.UU. de aquí al día 17. Lo que ya experimentamos, puede ser una "simple demo" comparado con lo que nos puede caer encima, si el conflicto que tienen con la ampliación del "techo de gasto" no se resuelve.
Mejor nos pillamos una parcelita, lejos de los ojos del SEPRONA, y nos plantamos unas papitas y unas lechuguitas para el autoconsumo.

Asun dijo...

Para mantener la sostenibilidad de la sanidad pública, de la educación , de las pensiones... habría que empezar en primer lugar por imputar y condenar de una maldita vez a todos los políticos y allegados que durante tantos años nos has estado robando a espuertas, y hacer que devolvieran todo el dinero robado, así como inhabilitarlos de por vida para cualquier cargo público. En una palabra, que la justicia en este país no funcionara solo para unos —los que roban unas latas de comida para poder echarse algo al estómago—, sino para todos por igual.

En segundo lugar habría que suprimir de un plumazo todas esas pensiones vitalicias que tienen los políticos simple y llanamente por haberse sentado durante unos años en uno de los escaños del parlamento, y digo sentarse porque creo que la mayoría de las veces lo único que hacen es calentar el asiento, o echar la siesta, jugar a apalabrados... todo menos política.

Otra medida a tomar sería suprimir el senado. ¡Lo que nos íbamos a ahorrar con eso!

Y qué decir de las subvenciones a la Iglesia y los privilegios fiscales que goza. ¿Cuántos millones se van en esos menesteres? ¡Anda que no habría para pagar unos cuantos sueldos con todo ese dinero.

La austeridad nos la imponen, sí, pero no veo yo que se la impongan a ellos, que se siguen subiendo los sueldos cuando a otros se los reducen o se los congelan, y lo que eran mileuristas, o engrosan las filas del paro o ni siquiera llegan ya a mileuristas.

Por supuesto que es imprescindible un cambio, pero mientras en las urnas no se consiga dar un giro radical va a ser muy difícil esa correcta planificación de la que hablas.

Muy interesantes las reflexiones que haces.

Un beso, Mimosa

Paco Cuesta dijo...

En el pueblo, sufridor soberano debe estar la solución, podría ser que no seamos capaces de encontrarla.
Besos.

andré de ártabro dijo...

En algún momento de mi vida , me ofrecieron un cargo político, que sin dudar rechacé. Ahora si me dieran la oportunidad , ¡A ti sí te votaría!
Besos

Otto dijo...

todo llama a la rebeldía con alegría, mejor poetizar que politizar...la única vía es una revolución, que empiece por el cambio de mentalidad social.

Ignacio Santana dijo...

Amén!!!...todos lo tenemos muy claro, no hay que ser muy inteligente para saber qué hay que cambiar y cómo...lo hablamos cada día y en cualquier lugar, entonces por qué no se hace???

Será quizás que hemos puesto a los zorros a cuidar del gallinero???...aaaamiga!!!

Un gran abrazo, fiera...has realizado una gran entrada, enhorabuena...y ya sabes, " cambia tus pensamientos y cambiará tu mundo"!!! ;)

Nota.- muchas gracias por tus amables palabras!!!

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Acompaño y comparto tus razonamientos.
Pero el futuro dependerá de nuestras acciones. Al menos, debemos luchar para que así sea y recuperar lo que nos han quitado en estos tiempos quizá porque no estábamos acostumbrados a defendernos.

LA ZARZAMORA dijo...

Estoy convencida que de no actuar, y rápido, nos van a comer vivos por todos los frentes.
No entiendo este inmovilismo.
Besos, mi niña.

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